El concepto de calidad de vida cada vez se encuentra más presente en los estudios vinculados al tratamiento de la obesidad. Con especial hincapié en la salud mental. La relación que se establece entre obesidad, depresión, imagen corporal y sexualidad preocupa a los profesionales de la salud desde varias perspectivas: cirugía bariátrica, psiquiatría, psicología, nutrición, etc. Por no mencionar a instituciones de referencia como la Organización Mundial de la Salud, que alerta sobre las dimensiones pandémicas que está alcanzando la obesidad y la depresión. La obesidad afecta a más de 650 millones de adultos en todo el mundo; lo que implica que desde mediados de los 70, la cifra se ha triplicado. Por su parte, más de 300 millones de personas sufren depresión a nivel mundial.

Pero, ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿De qué manera se relacionan estas enfermedades? ¿Es la obesidad causa o consecuencia de la depresión? ¿Puede la cirugía bariátrica ser una solución para pacientes obesos con depresión?

El peligro de la satisfacción a corto plazo: dopamina y obesidad 

Desde hace menos de una década, tanto la literatura médica o científica como los medios de comunicación debaten sobre el llamado “gen de la obesidad” y su relación con la depresión y otras enfermedades mentales. Sin duda, nos enfrentamos a un binomio de ida y vuelta. Ambos trastornos se retroalimentan y alejan a los pacientes de la plenitud de sus vidas.

El hábito no hace al monje. Pero los hábitos saludables pueden salvarnos la vida. Y mejorar, de forma más que notable, nuestra salud mental y nuestro bienestar. La mentalidad cortoplacista es sumamente traicionera en este aspecto. Esta sensación de satisfacción rápida e instantánea; de alivio momentáneo de la ansiedad o de la angustia a través de determinados alimentos y de una actitud compulsiva frente a la comida, conducen inevitablemente a graves problemas de sobrepeso y obesidad.

El trinomio más perverso es aquel formado por la sal, el azúcar y la grasa. Lo cual estimula esa sensación de recompensa a corto plazo. Esto tiene una traducción biológica concreta: cerebros acostumbrados en exceso a un neurotransmisor, la dopamina, en su unión con el receptor llamado D2. La presión sanguínea se activa y se acelera la actividad del corazón. Numerosos estudios han sido muy reveladores y preocupantes en relación con la ingesta compulsiva y excesivamente habitual de este tipo de sustancias, demostrando que el azúcar puede ser mucho más adictivo que drogas como la cocaína.

Porque, ¿qué ocurre con toda adicción? El cuerpo genera una resistencia cada vez más fuerte, que exige de la ingesta de mayores cantidades y con mayor frecuencia. Y la comida, especialmente los alimentos menos saludables y cargados de grasas y azúcares, no es una excepción. Sin embargo, la sensación de calma, satisfacción y de felicidad a largo plazo está relacionada con otro neurotransmisor: la serotonina. La cultura de la comida rápida y la comida basura está íntimamente relacionada con la cultura del estrés, la depresión y la obesidad: la satisfacción instantánea que “engaña” a nuestro organismo y nos aleja de afrontar los problemas con una perspectiva más saludable y que exija resultados a largo plazo.

Alimentar la serotonina (nunca mejor dicho en este caso), sin embargo, implica la introducción de hábitos de vida saludables: deporte, meditación, actividades al aire libre, alimentación equilibrada, sueño reparador, una autoestima reforzada por la sensación de un cuerpo en equilibro…

 La cirugía bariátrica: tratamiento efectivo para la depresión y la obesidad

La cirugía bariátrica, a diferencia de otros métodos no quirúrgicos, es sumamente efectiva para que la pérdida de peso se prolongue con éxito en el tiempo. Y esta reducción significativa de peso, mantenida a largo plazo, se traduce en un aumento de la autoestima de los pacientes. Esto influye muy positivamente en la mejora de trastornos como la ansiedad y la depresión.

Por otro lado, y asociado precisamente a esa gran pérdida de peso y a la modificación de unos hábitos de vida tóxicos, la ausencia de sedentarismo en la nueva vida de los pacientes es otra de las claves que conduce a superar la depresión: los pacientes vuelven a verse ágiles y activos, unido a los propios efectos de la actividad física en la estimulación de la serotonina.

Cierto es que no todos los casos son iguales, y que muchas enfermedades psiquiátricas graves, por su propia condición (comportamientos compulsivos y/o excesivo sedentarismo), o por los efectos secundarios de la medicación, conducen a pacientes que históricamente han presentado un IMC normal a la obesidad mórbida. Por ello, los médicos especialistas en cirugía de la obesidad, nutricionistas, psiquiatras y psicólogos han de cooperar tanto en el diagnóstico como en el tratamiento de estos pacientes.

Más vida sin obesidad: especialistas en el tratamiento global de la obesidad

En Más vida sin obesidad encontrarás un equipo multidisciplinar que te apoyará en las diferentes etapas de tu proceso de pérdida de peso. Un equipo de cirujanos que acumulan una experiencia de más de 450 operaciones de cirugía de la obesidad se une a un gabinete psicológico y nutricional, altamente especializado, en su visión integral del tratamiento de esta enfermedad. ¿La depresión y la obesidad se han apoderado de tu vida y quieres retomar el control? ¿Tienes dudas sobre lo que la cirugía bariátrica puede hacer por tu caso? ¡Consúltanos! Estamos deseando poder ayudarte.